El cantonalismo en Sevilla
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El Cantón Andaluz de Sevilla.
Resumen publicado en internet por Jesús Cancio García, basado fundamentalmente en la obra de Antonio López Estudillo: Republicanismo y anarquismo en Andalucía, ediciones de La Posada, 1ª ed, Córdoba, 2001.
La diversidad política era evidente durante este periodo. Dentro del republicanismo sevillano nos encontramos con facciones enfrentadas y antagónicas. Los partidos más influyentes y mayoritarios eran los Riveristas y los Intransigentes-internacionalistas.La mayor parte de los federalistas no secundaban ni el conservadurismo de Riveristas, ni el radicalismo de los Intransigentes, aunque en bastantes ocasiones se vieron forzados a tomar partido por uno de los dos bandos enfrentados.Los Riveristas (representación de la burguesía), controlaban la Diputación Provincial en el 73, por lo que obstaculizaban la elección de cargos municipales de las filas internacionalistas.Los Intransigentes-internacionalistas, representaban al movimiento obrero y estaban vinculados al Comité de Salud Pública de Madrid. Este grupo había logrado obtener varios diputados y algunos otros cargos institucionales.
Otros grupos se situaban cercanos a los partidos mayoritarios. Éstos acataban la autoridad del gobierno y la Asamblea, aunque no compartían ni el conservadurismo ni el radicalismo de los partidos mayoritarios. No era un grupo cohesionado, y estaba relacionado con los Voluntarios de la República.Durante la revolución, algunos tomaron parte en los Comités de Salud Pública, con la excusa de mantener el orden dentro del gobierno municipal y de la Diputación.
El proceso revolucionario comenzó con un periodo de huelgas y conflictos políticos diversos, que tuvieron como consecuencia que el obrerismo sevillano se hiciera dueño de la calle.En primer lugar, el federalismo popular, intentó que sus representantes más radicales desplazaran de los cargos públicos a los republicanos más moderados.La entrada de Mingorance en la diputación provincial dio un impulso a esta progresiva deriva hacia la izquierda de las instituciones públicas.La presión popular hizo posible que no se reintrodujeran los consumos, y en lugar de estos, se grabó a los productos de lujo (caballos de silla, carne, carruajes de lujo, etc.). Así mismo se obligó a los grandes capitalistas de la zona, a aportar según su riqueza. Todo este ambiente de huelgas y luchas sociales, hizo posible la mejora en las condiciones de vida de la clase obrera, pero al mismo tiempo tuvo como consecuencia el cierre patronal y la emigración de la gran burguesía.Esto reprodujo la situación anteriormente comentada de paro, y el consiguiente reclutamiento de voluntarios para las filas revolucionarias. Se alistaron alrededor de diez mil personas, de las cuales, sólo una cuarta parte fue armada.La exigencia de armas se mantenía desde el 11 de febrero. La presión ciudadana, facilitó la recaudación de dinero procedente de los mayores contribuyentes para la adquisición del armamento requerido.
La diputación al mismo tiempo llevaría a cabo la subasta de 6.000 fusiles. El armamento se almacenaba en la Maestranza. El reparto del armamento se demoraba y el 24 de junio el voluntariado formó retenes y salió a ocupar puntos estratégicos de la ciudad. Estos retenes exigían al ayuntamiento la adquisición de armas y alentó a los ciudadanos a requisar el armamento almacenado en la plaza.En esta situación, el gobernador, junto con un nutrido grupo de guardias civiles, la guarnición militar y carabineros de la provincia, se encierran en la fábrica de tabacos. Este encierro provocó el primer enfrentamiento armado entre voluntarios que acudían a ese punto y las fuerzas gubernamentales fortificadas allí; lo que tuvo como desenlace la muerte de varios guardias civiles, el apresamiento y desarme de unos 50 y la importante incautación de munición que portaban. La situación se complica con la llegada de refuerzos militares procedentes de Córdoba, Carmona y otros pueblos aledaños que volvían de reprimir las huelgas producidas.
La posibilidad del desarme de los voluntarios obligó a estos a levantar barricadas en la Macarena, Triana, San Lorenzo y Alameda. Los militares parece que toman el control hacía el 27 ya que no queda mucha defensa en las barricadas, y se insta a los voluntarios al desarme por medio de una orden del Boletín Oficial de la Provincia. Este nuevo ataque al proceso revolucionario dio como resultado la ocupación militar de Sevilla por parte de los voluntarios, con excepción de la fábrica de tabacos. Durante este momento Carreró, Mingorance y Ariza eran los que mantenían el control de la situación como diputados provinciales y jefes del voluntariado federal-socialista.Pi i Margall, puso fin al enfrentamiento entre voluntarios y militares al ordenar la salida del ejército hacia Alcalá de Guadaira y reemplazando al gobernador por Gumersindo de la Rosa.Para el 29 la situación vuelve a la supuesta normalidad, aunque prosigue el temor de un nuevo ataque del ejército.
Una asamblea de 80 oficiales del voluntariado decide la destitución del Ayuntamiento y la diputación. Este hecho provocó que De la Rosa, reuniera al Ayuntamiento, a jefes de voluntarios y a la diputación a debatir con Pi i Margall sobre el error que se cometería al implantar prematuramente el cantón, con la posible división de los republicanos, la puesta en peligro de la libertad y la unidad de España, así como el fortalecimiento de los grupos reaccionarios.Esto le dio pie a afirmar que debía ser necesaria una paralización del proceso por medio de la persuasión o por la fuerza.
Tras esta reunión, los jefes voluntarios desistieron de crear una junta revolucionaria, aunque la perturbación no tardó en volver, con la llegada de voluntarios malagueños y cordobeses en auxilio de los sevillanos para impedir el desarme.En ese momento, la revuelta se hacía inevitable. Con la ayuda de los refuerzos de Málaga y Granada los voluntarios intransigentes, forman armados y con cañones delante del ayuntamiento sevillano, sobre el mediodía del 30 de junio.Más tarde, ocupan el telégrafo y diferentes puntos estratégicos de la ciudad.Tras estas acciones para asegurar el municipio, se crea la Junta revolucionaria presidida por Mingorance, al que se le nombra alcalde. El cargo de presidente de la diputación recae en Narciso Castro, y al pintor Carreró se le nombra general de la milicia. Además de estos cargos, otros tantos recayeron sobre milicianos y obreros de la ciudad.
Como primeras medidas se instaron las típicas, ya antes pregonadas: separación de todos los empleados municipales, entrega inmediata de las armas de fuego de particulares y contribución de millón y medio de pesetas a los mayores contribuyentes.Breve fue el alzamiento revolucionario. Pocas horas después, el gobernador puso fin al intento de cambio gracias a la neutralización de las partidas malagueñas con la cesión de 6 cañones y veinte mil reales.Al mismo tiempo, la desorganización de los revolucionarios dispersos entre ellos y ocupando distintos puntos de la ciudad, hizo posible que con tan sólo la intervención de un centenar de voluntarios benévolos, la goleta Diana atracada en el puerto y el apoyo del casino federal, se pusiera fin al levantamiento, irrumpiendo en el ayuntamiento y capturando a algunos de los revolucionarios de la Junta, ya que otros pudieron escapar.
Tras el fracaso del alzamiento se desarmó a las milicias mas activas, se encarceló a alrededor de 40 personas, entre ellas a Mingorance, Carreró y Castro.Para que no se produjesen más levantamientos, se crearon grupos armados compuestos por jóvenes acomodados que velarían por la seguridad y la tranquilidad en la ciudad.Los vencidos no pudieron optar a presentarse a las elecciones municipales próximas.Tomando como punto de partida, la incapacidad de formar un gobierno de centro izquierda en la República, y con la posibilidad de que la derecha entrara en el poder, el día 17 de julio, emisarios intransigentes se movilizan desde Madrid para incitar a la insurrección cantonal en toda la península. Esa noche, en Sevilla, la milicia acuerda constituir una comisión mixta junto a la diputación y el ayuntamiento para que se trasladaran al gobierno central las necesidades de reformas que la provincia sevillana reclamaba.
A la mañana siguiente, el 18 de julio, declaran el Cantón independiente.El gobernador intentar disuadir a los insurrectos, el comandante general de los voluntarios dimite, el alcalde y varios concejales, en un intento de controlar la situación, se declaran a favor del Cantón para evitar el predominio de cuadros socialistas a la cabeza del movimiento.El 19 de julio, el alcalde telegrafía al ministro de gobernación, para exponerle la situación y los acuerdos a los que se habían llegado con el voluntariado.Hasta ese momento seguían en prisión los revolucionarios Mingorance, Castro y Carreró, así como otros tantos presos políticos intransigentes. Llegando desde Madrid es detenido también el intransigente Hiráldez.Era evidente el temor del alcalde de dejar en la calle a estas personas, ya que podían llevar a cabo reformas peligrosas para la estabilidad burguesa.Ese mismo día, a las 9 de la mañana, un grupo de voluntarios pone en libertad a los detenidos, entrando pues el movimiento en una nueva fase.Tras la liberación, se constituye el comité de Salud pública, en un ayuntamiento ocupado por las milicias de los tres liberados socialistas.La diversidad en la composición del comité era evidente, ya que la indiferencia y la indecisión de los participantes en la forma de actuar ante la caída de Pi i Margall, hicieron huella.
Aunque oficialmente el ayuntamiento cantonal lo presidía Pedro Ramón de Balboa, quien firmó los bandos cantonales hasta el 26 de julio, cuando era inminente el ataque del ejército, el verdadero control de la ciudad, según las distintas publicaciones, estaba en manos de Mingorance y sus compañeros. Es evidente suponer entonces, que el socialismo tenía un amplio despliegue y predominio en el Cantón de Sevilla o Cantón Andaluz.Como medidas inmediatas se llevaron a cabo secularizaciones, reformas fiscales y laborales.Se desestancaron los tabacos y se vendió con un tercio de rebaja las existencias almacenadas en la fábrica, se estableció una contribución única que recayese sobre la propiedad, así como contribuciones extraordinarias dirigidas a la burguesía local, supervisadas por voluntarios federal- socialistas.En el ámbito laboral, se limitó la jornada laboral a 8 horas en todas las ocupaciones, se aprobó garantizar el derecho al trabajo como extensión del derecho a la vida.Se prohibió el trabajo de mujeres en las mismas fábricas donde lo hicieran hombres, para evitar, al parecer, la sustitución progresiva de la plantilla con miras hacia una reducción de costes laborales. Por último, se aseguró la más amplia libertad de negociación entre obreros y patronos.Según fuentes periodísticas, se declararon propiedad del cantón los bosques aledaños, se redujo a la mitad la renta de los arrendamientos rústicos y urbanos, se advirtió de que serían traspasados los talleres y fábricas que se cerrasen, así como las tierras incultivadas a personas que los rentabilizasen.En esta tarea de procurar que se fueran aprobando toda esta serie de medidas jugó un papel imprescindible, si no en solitario, la clase obrera, ya que veían en proyectos y propuestas las reivindicaciones que meses atrás habían exigido.De todas maneras, estas medidas no eran ni mucho menos el programa completo de la revolución, ya que dentro del gobierno cantonal se encontraban una variedad de ideologías, incluso conservadoras, que intentaban apaciguar y acallar el radicalismo de los grupos intransigentes-socialistas.
Desde un primer momento, provenientes de distintos pueblos de la provincia, llegaron voluntarios para sumarse a los de la capital. De Sevilla salieron fuerzas para Carmona, Écija y Jerez. En estos núcleos urbanos existían fuerzas intransigentes importantes, por lo que simpatizaban con el movimiento sevillano.Es importante resaltar que la labor de difusión del cantonalismo, en Andalucía al menos, fue llevada a cabo exclusivamente por los grupos intransigentes; por lo que es evidente suponer, la composición de los ayuntamientos cantonales que fueron surgiendo a raíz de la proclamación del Cantón sevillano, así como la composición de las fuerzas contrarrevolucionarias.Hacia Carmona se dirigieron 150 voluntarios con Carlos Walls, Rafael Vázquez y el obrero agrícola José Portilla a la cabeza.En Carmona les espera el líder de la Internacional en dicho pueblo, Juan Méndez, así como una treintena de campesinos encarcelados, tras las huelgas de los segadores.La Junta revolucionaria se estableció en el pueblo, con obreros intransigentes-internacionalistas en el gobierno del cantón, la mayoría jornaleros agrícolas.En Écija, la milicia tuvo que intervenir para poder instaurar el cantón, ya que los intransigentes habían sido reprimidos duramente por las autoridades locales. La Junta revolucionaria duró 3 días, debido a la proximidad del ejército que acampó en La Carlota.Cabe señalar, que tras la caída de la Junta Cantonal, el 9 de septiembre, se produjeron una serie de acciones a las que la historiografía llama movimiento socialista. Para sofocar este intento de revolución, el ejército tuvo que volver a instaurar el orden, ejerciendo una represión tal, que sirviera de ejemplo a nuevos intentos de insurrección.En Marchena, no fue necesaria la ayuda exterior para implantar el cantón, ya que el gobierno municipal estaba formado por voluntarios federales e internacionalistas, que anteriormente habían presentado una candidatura electoral frente a la facción benévola.Desde este pueblo, se mandó un gran número de voluntarios para reforzar a los de la capital; así mismo, un centenar de voluntarios que componían este grupo, participaron en la columna que iba hacia Jerez.El Alcalde Ramón Fernández intentó repetir el doble juego del alcalde sevillano, aunque no tuvo apoyo de los concejales que en poco tiempo, dieron parte y se destituyó a éste, siendo reemplazado por un trabajador, que diez años después, encabezaría la federación obrera local.En otros pueblos como El Arahal, se contaba con un federalismo avanzado. La proclamación del cantón independiente fue secundada por unos 600 voluntarios, constituyéndose la Junta revolucionaria con parte de los concejales electos tras las elecciones municipales que aún no habían tomado posesión del cargo, cinco de ellos federales-socialistas.En Lebrija, los telegramas del alcalde de Sevilla, produjeron reacciones diversas entre los integrantes del consistorio municipal. Hay también divergencias en este ámbito, ya que algunas referencias dan la noticia de que prevaleció la posición de no pronunciarse ante la revolución y enviar emisarios a Sevilla para dar cuenta de lo ocurrido en la capital.Otras fuentes como las Actas de la comisión de la FRE exponen que los burgueses de la localidad secundaron el movimiento procedente de Sevilla, y nombraron una comisión encargada de recoger armas en la capital para perseguir a los obreros. Éstos, ante la situación creada, formaron Junta revolucionaria tras convocar Asamblea general en el pueblo y se incautaron las armas procedentes de Sevilla.El comité de salud pública de Lebrija lo presidió Juan Miguel Cárdenas, obrero agricultor, representante de los segadores en huelga.Este levantamiento no se produjo de forma aislada y hostil hacia el cantonalismo ya que al lado de Cárdenas se encontraba el obrero y concejal José Ruiz, que encabezó el federalismo lebrijano en la década posterior.Pueblos como Coria del Río sufrieron la ridiculización del movimiento por parte de la prensa oficial.
En Utrera se produjo un altercado entre los voluntarios procedentes de Sevilla (cuyo objetivo era ayudar a los cantonales de Jerez que habían sido reprimidos por la guarnición militar) y los vecinos del pueblo.El 21 de julio, las autoridades de Utrera consiguieron que los voluntarios se retiraran a la estación, y representantes del ayuntamiento se dirigieron a Sevilla para defender el derecho de Utrera a nombrar Junta revolucionaria sin intervención exterior.Al mismo tiempo, Carreró, que dirigía a los voluntarios, pidió refuerzos a Sevilla, por si se producía enfrentamiento armado.Los de Utrera, armaron a 800 vecinos para defender el pueblo. El miedo a la exigencia de contribuciones de guerra a la población, hacía palpable un clima de excitación.Los vecinos armados, serían los encargados de custodiar los cañones cantonales hasta la salida de la ciudad, tanto si volvían hacia Sevilla o pasaban a Jerez. En prueba de buena voluntad se mantuvo un encuentro entre representantes cantonales y representantes del pueblo.Lo que hizo prender la mecha fue que junto con los representantes revolucionarios entraron los demás voluntarios. Un vecino instó a los voluntarios a marcharse si eran intransigentes, a lo que se respondió con vivas a la república federal y social, obteniendo como respuesta el inicio de un tiroteo que terminó con bastantes bajas y cantonales presos.Mingorance y Ponce tuvieron que acudir a Utrera con nuevos refuerzos y con el diputado por Utrera Diego Sedas como mediador, para liberar a los prisioneros y volver a Sevilla para defenderla de la inminente intervención del general Ripoll.Pueblos como Osuna, Dos Hermanas o Morón se proclamaron abiertamente anticantonalistas, e intentaron evitar la difusión de las noticias sobre la revolución. Los ayuntamientos temerosos del poder que el cantonalismo daba a la clase obrera, instó a destituir a los que se creía que podían ser simpatizantes del alzamiento; así mismo, se crearon fuerzas para la defensa en caso de llegada de los insurrectos.La etapa final de la revolución cantonal en Sevilla comienza con la entrada en juego del ejército y la posterior derrota del cantón.La defensa de Sevilla, corrió a cuenta del voluntariado socialista. como líderes, seguían Mingorance, Ponce, Carreró, Sainz y otros integrantes de las juntas revolucionarias.La radicalización del movimiento cantonal sevillano se produjo con la cesión de la autoridad suprema al general Fernando Pierrad, quedando los líderes anteriormente mencionados a cargo de la dirección efectiva y apartando a Ramón Balboa.Este giro hacia el radicalismo y la experiencia trágica en Utrera, hizo que la mayoría del voluntariado se inhibiese al comenzar los combates entre el ejército y los cantonales.
El general Pavía, al frente del ejército, rehusó de mediaciones consulares y de la burguesía Sevillana y se propuso iniciar la campaña en Andalucía de forma cruenta, intentando desarticular todo movimiento insurreccional del federalismo andaluz.El ataque se inició por la zona más fortificada, intentando así que las propias bajas del ejército, produjeran el afianzamiento de la fidelidad de sus hombres, en los que no confiaba. El mismo Pavía, confesó que ese ataque sería una “calaverada militar”.La acción, pretendía penetrar las defensas entrando en la ciudad por diferentes puntos, con columnas independientes, por lo que así, evitaban a la artillería apostada en la fábrica de tabacos y que dominaba el frente de combate elegido en un primer momento.Con el afianzamiento de la fidelidad tras la exposición a la artillería cantonal, que dejó 300 bajas entre los militares y gracias a la ayuda de voluntarios desertores de Triana, el ejército consiguió entrar en la ciudad cercando a los cantonales, por lo que sólo quedaron focos de resistencia en la Macarena.El número de cantonales defensores fue muy reducido. Los disparos producidos provenían mayoritariamente de la artillería colocada en barricadas, torres de la antigua muralla y terrazas de la fábrica de tabacos, bajo la dirección de Carreró.Según fuentes de la FRE, dos mil, de los tres mil voluntarios armados, decidieron no combatir, siendo los internacionales los que se batieron contra las tropas.En la misma línea de infravaloración, el diputado Cabello de la Vega, criticó la falta de apoyo a la cantonal, siendo tan sólo quinientos o seiscientos sevillanos, los que tomaron parte activa en la defensa, habiendo en total cuatro mil personas presas, emigradas y escondidas por pertenecer al movimiento.Tras la ocupación de la ciudad, con la neutralización de los últimos reductos de resistencia, Pavía nombró como regidor de las instituciones a republicanos conservadores y a un buen número de monárquicos. Desarmó a toda la milicia. En sustitución de éstas, se convocaron 200 plazas para ser cubiertas por guardias civiles licenciados y con una buena hoja de servicios.La represión contra los cantonales fue directa y sin miramientos, la campaña pretendía socavar cualquier tipo de apoyo a la República.Las bases del federalismo quedaron mermadas totalmente y las clases trabajadoras que retornaron a Sevilla, ya no podrían llevar a cabo ni defender la alternativa republicana por la que habían luchado.